Síndrome de piernas inquietas


Autores:
Autor: Javiera Léniz M. Docente Departamento Medicina Familiar UC.


Introducción
El Síndrome de piernas inquietas (SPI) fue descrito por primera vez en el año 1672 por Sir Thomas Willis (1). Corresponde a un trastorno del movimiento caracterizado por la presencia de sensaciones desagradables localizadas en extremidades inferiores que llevan a la imperiosa necesidad de moverlas (2). Esta sensación empeora con el reposo e interfiere con el sueño (3).
La prevalencia de este síndrome es variable según los estudios y va de 10,6% en USA (4), y 11,6% en España con una mayor proporción de mujeres versus hombres de 3:1 (5,6). La prevalencia va aumentando con la edad, incluso los primeros síntomas pueden aparecer en la infancia (9).
Existe una tendencia genética a desarrollar esta patología. Algunos estudios reportan que hasta un 92% de los pacientes con SPI tienen una historia familiar positiva para la enfermedad, y estudios en gemelos monocigotos muestran un 83% de concordancia (7). Este síndrome, afecta importantemente la calidad de vida de los enfermos, se asocia a alteraciones de la calidad del sueño y síntomas depresivos (8). Dentro de las consecuencias del SPI destacan la imposibilidad de trabajar, el deterioro en actividades sociales y la vida familiar (9). Hasta un 60% de los pacientes con SPI refieren presentar fatiga, 57% dificultad para relajarse, 54% animo depresivo y 49% dificultad para concentrarse (1).


Etiología
La etiopatogenia de SPI no está aclarada, sin embargo existe cierta evidencia de la presencia a un trastorno del sistema nervioso central (SNC) de tipo funcional. Algunos estudios evidencian la presencia de desinhibición de neuronas de la corteza motora que se normaliza transitoriamente al usar fármacos dopaminérgicos como levodopa (10).
Las causas del SPI se clasifican en primarias y segundarias. El SPI primario es de causa ideopática, pero la alta tasa de familiares afectados en estos pacientes sugiere un origen hereditario (9, 12, 11).
Dentro de las causas segundarias de este síndrome se encuentran:
• La uremia: en etapa de insuficiencia renal crónica terminal
• El déficit de hierro: incluso sin anemia.
• Embarazo
• Diabetes
• Neuropatía periférica
• Parkinsonismo
• Limitación crónica del flujo aéreo
• Inducido por drogas: antidepresivos tricíclicos, inhibidores recaptura serotonina, litio, antagonistas dopaminergicos y cafeína.


Diagnóstico
El diagnóstico se basa en la historia clínica. La International Restless Legs Syndrome Study Group, desarrolló en 1995 una serie de criterios diagnósticos para el SPI (2, 9, 12), los que fueron revisados en el año 2003 (13,14):

Criterios esenciales:
• Necesidad imperiosa de mover las piernas, usualmente asociado a parestesias/disestesias.
• Inquietud motora o sensaciones displacenteras al comienzo o que empeoran durante periodos de reposo o inactividad.
• Necesidad imperiosa de mover las piernas o sensaciones displacenteras que ceden total o parcialmente con el movimiento.
• Necesidad imperiosa de mover las piernas o sensaciones displacenteras que empeoran en la noche o solo ocurren en la noche.

Criterios de apoyo:
• Historia familiar positiva para SPI
• Respuesta positiva a drogas dopaminergicas
• Movimientos periódicos de piernas durante el sueño detectados por poli somnograma.

Características asociadas
• Trastorno del sueño y fatiga diaria
• Examen neurológico normal
• Curso clínico progresivo con periodos estáticos y otros de remisión.

El examen neurológico de estos pacientes usualmente es normal, y no se requieren exámenes específicos para su diagnóstico, salvo para búsqueda de su etiología o como diagnóstico diferencial (9).
Dentro de los diagnósticos diferenciales del SPI se encuentran los calambres, las polineuropatías, la trombosis venosa profunda (TVP) y la acatisia. Los calambres usualmente son unilaterales; en la TVP existe más bien dolor; y las otras patologías neurológicas se distinguen del SPI en la ausencia de ciclo circadiano para las molestias (9, 12).


Laboratorio
El diagnóstico del SPI es clínico, sin embargo en necesario realizar algunas pruebas básicas de laboratorio, para identificar causas segundarias del síndrome. Los exámenes sugeridos son glicemia, función renal, hemograma y niveles de ferritina (9, 12). Si la historia y el examen neurológico sugieren la presencia de una neuropatía periférica debe realizarse una electromiografía y velocidad de conducción (12).
El poli somnograma no está indicado de rutina, sin embargo ante la duda diagnóstica puede ser útil la detección de movimientos involuntarios de extremidades presentes en el sueño que se observan en cerca del 80% de los pacientes con SPI (9, 12). Más de 5 movimientos periódicos de extremidades (PLM) por hora durante el sueño serían sugerentes de SPI (14).


Conclusiones
El SPI es una patología frecuente en la población general, que produce gran disminución de la calidad de vida y se asocia a trastornos del sueño y patología mental.
Existe cierta evidencia de la presencia a un trastorno del sistema nervioso central (SNC) de tipo funcional y puede clasificarse como SPI primario o segundario.
El diagnóstico es clínico, sin embargo es importante realizar algunos exámenes de laboratorio que permitan ya sea identificar la causa o realizar un diagnóstico diferencial.


BIBLIOGRAFÍA
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2 Walters AS. The International Restless Legs Syndrome Study Group. Towards a better definition of the restless legs syndrome. Mov Disord 1995(5); 10:634-52.
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8 Happe S., Reese JP., Stiasny-Kolster K., Peglau I., Mayer G., Klotsche J., Giani G., Geraedts M., Trenkwalder C., Dodel R. Assessing health-related quality of life in patients with restless legs syndrome. Sleep Med. 2008 (21).
9 Restless legs syndrome: detection and management in primary care. National Heart, Lung, and Blood Institute Working Group on Restless Legs Syndrome. Am Fam Physician. 200 Jul 1;62(1):108-14.
10 Paulus W., Dowling P., Rijsman R., Stiasny-Kolster K., Trenkwalder C. Update of the Pathophysiology of the Restless-Leg-Syndrome. Mov Dis 2007. Vol 22, Suppl 18:S431-S439.
11 Rothdach A, Trenkwalder C, Haberstock J, Keil U, Berger K. Prevalence and rik factors of RLS in an elderly population. Neurology 2000; 54:10648
12 Miranda M., Venegas P. Síndrome de Piernas Inquietas: Actualización Clínica. Rev Chil Neuro-Psiquiat 2001; 39(2): 140-148.
13 Allen RP, Picchietti D, Hening WA, Trenkwalder C, Walters AS, Montplaisir J. Restless legs syndrome: diagnostic criteria, special considerations, and epidemiology. A report from the restless legs syndrome diagnosis and epidemiology workshop at the National Institutes of Health. Sleep Med 2003;4:101-119.
14 Benes H., Walters A., Allen R., Hening W., Kohnen R. Definition of Restless Legs Syndrome, How to Diagnose It, and How to Differentiate It drom RLS Mimics. Mov Dis 2007. Vol 22, Suppl 18:S401-S408.